tanto vivir y solo era una espera

t a n t o v i v i r y s o l o e r a u n a e s p e r a

30 ago. 2018

Un chiste malo sobre gitanos

 Junto con ir en tren a Almería o madrugar, escuchar a alguien convenciendo a otro alguien de por qué un chiste es gracioso es una de las experiencias más desagradables que he experimentado en mi vida. No me imagino cómo debe de ser madrugar para coger un tren a Almería e ir sentado con uno de estos psicópatas, estos marisabidillos de la comedia que sienten la obligación de enseñarte qué es lo que te hace gracia, y por qué. Una de las libertades más saludables es la de reír precisamente con aquello que te hace gracia y, de igual modo, no reír con todo lo que, por lo que sea, no lo ves gracioso. ¿En serio no te hace gracia esto? Pues mira: no. Déjame en paz.

   Dicho esto, y a propósito del chiste sobre gitanos del monólogo de Rober Bodegas (en justicia habría que matizar: no era un chiste, eran varios seguidos, un bloque humorístico temático, estructurado de principio a fin), y después de hacer leído un montón de cosas de mucha gente opinando sobre el tema, hay algo que me ha llamado la atención porque se decía sin más, como de pasada, como si fueran las patatas fritas que acompañan al solomillo de la polémica (escribo esto a la hora de comer), y es lo de que "el chiste era muy malo". ¿Por qué dice la gente que el chiste era malo, e incluso MUY malo?, me pregunto. Es decir, ¿qué criterio emplean para saltar del gusto personal por el chiste (me hace gracia o no) a una afirmación categórica sobre su calidad estética (es bueno, malo, regular) o moral (hace bien, hace mal)?

   De primeras, he pensado que a lo mejor lo que les chirría es el tema: los gitanos. ¿Cómo va a ser bueno un chiste sobre gitanos? Los chistes buenos tienen temas molones. Woody Allen bromea con Schopenhauer, con la caverna de Platón, menciona muchas veces a Sófocles y a gente de esa cuyo apellido lleva tilde: eso es calidad. Les Luthiers basan todos sus espectáculos en un ingenio léxico abrumador, trufado por un constante y apabullante dominio de toda esa movida de la música clásica, los grandes compositores, las diferentes piezas musicales, sin caer en la zafiedad del taco y la bajeza: eso es calidad. Un chiste sobre gitanos, al contrario, no, porque es un tema lateral, bajo, lleno de estigmas y clichés. Hay un cierto racismo, por cierto, en considerar que no se puede bromear con los gitanos porque es algo así como considerar que "son peores", y, una vez asumido esto, con eso no se puede bromear y que la broma sea buena, porque la comedia es elevada. ¿Para que una obra sea "buena" tiene que tratar asuntos molones? ¿Para que un poema (que es la más compleja y elevada expresión artística por medio del lenguaje) sea bueno, tiene que abordar temas como el amor, el tiempo, el dolor y la muerte? Eso significa que el poema que Machado dedica a las moscas es malo? Antonio, tío, qué poema más malo, le dirían. Cíñete a los olmos y a las fuentes, deja en paz a las moscas, que no somos pocos los que somos incapaces de encontrar la búsqueda de lo inefable a partir de lo minúsculo, de lo lateral, de lo prosaico. A nosotros háblanos con palabras altisonantes, olvida eso que llamas "lenguaje ómnibus" (el lenguaje que llega a cada rincón) porque, por ese camino, tus poemas van a terminar cantados por Serrat. Decir que la comedia no puede referirse a los peores (no en un sentido moral, ya digo, sino estético) significa olvidar la definición que da Aristóteles de la comedia en su Poética: «la imitación de los peores». No digo que Aristóteles tuviera puta idea de stand-up, pero no hagamos ahora como que el tío no solía dar en el clavo.

   Si no es el tema, a lo mejor lo que les molestaba era la intención: no mola ver a un cómico burlarse de los gitanos. Y con esto, amigos, no solo estoy muy de acuerdo, sino que, hasta donde conozco a Rober Bodegas, me juego el cuello a que él también. ¿Entonces cuál es el problema? Pues más de lo mismo, oiga: eso de confundir bromas con burlas, churras con merinas. Al fin y al cabo es un contexto de esos de risas, ¿qué coño más da? ¿No hay jugadores, una pelota redonda y una red? ¿Quién diablos distingue el baloncesto del voley? Tampoco hay que ser un gourmet del humor para entender que toda burla implica una pretendida voluntad por ridiculizar a alguien, mientras que la broma se instala en un territorio mucho menos personal, habita el terreno de las ideas, de los conceptos y, sobre todo (y en esto estamos con Huizinga), del juego. La comedia es un juego de significantes (Piedrahita) y significados (Luis Álvaro), de interlocutores (Miguel Lago) y referentes (Ignatius), de códigos (Les Luthiers), canales (David Guapo) y contextos (Monty Phyton), uno de los mecanismo que el homo ludens necesita para inteligir, para pensar la realidad, de una manera asimilable. Todo ese bloque de los gitanos, lejos de ser una burla hacia ellos, es un malabar a partir de unos presupuestos sociológicos (los clichés asumidos por el receptor, el hecho de no poder bromear con eso) con los que construir toda la orfebrería del chiste (las herramientas del cómico para poder "decir lo indecible", que es una de las reglas del juego de la comedia de stand-up), para presentar digna batalla al miedo (el miedo al tabú, el miedo a que no se rían, el miedo al tema en sí) a través de una comunión (una comunicación), un hermanamiento, que es el de la risa. Ojalá en ese vídeo hubiera habido un grupo notable y representativo del pueblo gitano, y ojalá se hubieran descojonado con el bloque y ojalá, al terminar la actuación, todos se hubieran ido juntos a tomar cervezas y a obviar toda esa ristra de tabúes retrógrados en el abrazo de una risa común. Porque la risa parece una tontería pero ¿qué pensáis que dicen los neurólogos que pasa cuando te ríes con alguien? Igual que el cuerpo desnudo da menos vergüenza después de follar, la miseria de uno deja de ser miseria cuando tienes con quién reírla.

   Pero a lo mejor lo de que era un chiste malo lo dicen por lo de adoptar clichés o, por así decir, ir a lo fácil. Quien diga eso es evidente que no sabe que la comedia funciona precisamente cuando se rompe la expectativa del discurso, y no ha caído en que, para que haya una expectativa, todo el mundo tiene que saber de qué se está hablando, asumir el referente. Si un cómico hace bromas sobre el honor como criterio estructural del Poema de Mío Cid, probablemente el público mayoritario, como no suele tener un doctorado en Literatura Medieval, no compartirá el referente y no podrá entender la ruptura de esas expectativas. Esta es la razón por la que la mayoría de los chistes y muchísimos bloques de cómicos, en cualquier idioma, suelen partir siempre de algún cliché. Los chistes de Bodegas tienen presente el cliché porque el público tiene presente el cliché (por eso es un cliché), y negar esa información sería ineficaz, torpe y, lo que es más grave en un cómico, aburrido. El cómico asume los clichés para, desde ahí, proponer un discurso nuevo, inesperado, gracioso: «Ramoncín ha conseguido dividir al público en dos: los que piensan que Ramoncín es gilipollas (cliché) y Ramoncín (ruptura de expectativa)» (Luis Álvaro). Da igual la opinión de Luis Álvaro sobre Ramoncín, su materia prima es la opinión generalizada, igual que el retrato de la miseria que ofrece Galdós en algunas de sus novelas no es su opinión, sino el retrato que presenta de lo que hay («La literatura es un espejo calle abajo», decía Stendhal), la base sobre la que construye la fantasía de su ficción (Misericordia).

No descarto que a lo mejor alguien consideró que todos esos chistes eran fáciles de hacer, en el sentido material, estructural, lingüístico. Sin duda quien opine así solo ha podido mirar los chistes muy de pasada porque el taller retórico que hay detrás no solo es original por infrecuente (planteamiento, estructura), sino que además funciona como la minuciosa relojería que esconden algunos de los mejores chistes. Para empezar, y como suele ocurrir cada vez más en los espectáculos de stand-up, el cómico presenta el tema tomando una serie de precauciones (este es un tema con el que no se puede bromear en la tele, tal) y plantea una tesis: nos han pedido que no hagamos bromas con ellos y lo estamos cumpliendo, nosotros les hemos pedido que se adapten a nuestra normas sociales y supongo que ellos necesitan tiempo, dice. Es decir: la tesis de su discurso es que una parte importante de la sociedad gitana no se adapta a las restricciones propias de la sociedad en la que viven. Esto es un cliché, claro, porque es lo que la inmensa mayoría de la sociedad, cada cual con sus vivencias o influidos por el pensamiento general, piensa. La gente no se ríe por el hecho de que lo señale, ni de los gitanos, sino del modo en el que lo dice, usando la expresión "necesitan tiempo", que no es la habitual para referirse a costumbres de un pueblo, sino a comportamientos personales, relaciones de pareja, paternofiliales, etc. Su primera broma, efectivamente, parte del cliché, pero lo rompe fraseológicamente, nos salpica con una construcción lingüística inesperada, que es lo que los espectadores ríen. Lo que viene después lo ha analizado con solvencia Andrés Barba en su artículo para El País (No disparen al cómico) que es lo del chiste del no-chiste: Bodegas, literalmente, no hace "bromas de gitanos", sino de "payos", es decir, ironiza a través de la elipsis, es decir, deja que la broma se fragüe en la cabeza del espectador, no en sus palabras, y además lo actúa por medio de esas pausas salvajes, eternas en comedia, para que todo el mundo llegue por sí mismo. ¿Hacer bromas por medio de la elipsis es fácil? Desde luego que no, porque es una carambola complicada, el público tiene que entender muchas cosas a la vez, y además en un contexto ("bromas de gitanos") donde, socialmente, ya de por sí el tema es censurable. Los dos primeros chistes, contados en formato chiste ("Esto es un payo..."), de un modo casi naif, sin palabrotas, atendiendo esquemáticamente a los clichés más notables (el coche, el polígono) son la antesala del remate final en el que el tono y el tema cambian de manera dramática. Viniendo, como venimos, de esa zona amable (en el sentido de que no provoca controversia al espectador que asume que solo se está ironizando con un cliché, no hay mala fe, no hay burla, desprecio, racismo, etc.) y superficial de los dos primeros chistes, nos encontramos abruptamente con la difícil imagen del pañuelo y la vagina (para ganar eficacia, impacto, utiliza la palabra 'coño'), salpimentada con lo de casarse con alguien que tenga más de trece años. Es decir: toda la retórica del chiste juega a favor de que ese momento sea mucho más impactante que si, por ejemplo, fuese el único chiste, o lo comentara al principio, o lo rebajase del mismo modo que rebajó lo de "ellos necesitan tiempo". Te puede no gustar, puedes no reconocerle al humor cierta epistemología (cierta búsqueda de la verdad) a través de la risa, puedes pensar que es una tradición respetable y que las niñas de trece años gozan de la independencia emocional y del libre albedrío para elegir con quién casarse, pero, a la luz de su retórica, no se puede negar que la construcción de este bloque tiene no poca complejidad.

   He llegado a pensar que cuando la gente dice que este chiste es malo lo hacen desde la voluntad de no dar tregua al propio racismo (es cosa natural de los seres vivos temer lo diferente, es una estrategia evolutiva), porque el racismo es una costra de óxido que no deja brillar nuestra flamante humanidad civilizada. La corrección política, como bien observa Slavoj Zizek, va precisamente de esto: de ocultar nuestra oscuridad a los demás, en lugar de enfrentarse a ella, en lugar de solucionarla. Sería algo así como pensar que el modo de que desaparezca el cáncer es tan sencillo como eliminar la palabra del diccionario. Porque el tema del chiste, hablemos claro, es el racismo: hay racismo, y el cómico, que es un loco y un borracho, lo señala. Y hay chistes que da miedo reír por cuanto implican. En ese sentido, entiendo que es mucho más sencillo acusar a un cómico de racismo que descubrir que, en nuestras risas (no las públicas, sino las de verdad, la íntima cosquilla que acaricia nuestra inteligencia, la secreta euforia de descubrir que, como diría Aristóteles, nosotros somos esos "peores" de los que habla la comedia) está el reconocimiento de una fractura social en la que el chiste no es una burla sino una radiografía.

  En 1970 estrenó Buero Vallejo El sueño de la razón, y la censura franquista, por lo general imbécil, no entendió la elipsis: aquel Fernando VII déspota y ridículo no podría ser la imagen ficcional del general Franco. Los ofendidos del monólogo de Bodegas han llegado mucho más allá que los censores del otoño de la dictadura, pero no tanto como para perderle el miedo a descubrirse algo más frágiles, contradictorios e imperfectos... que lo que uno piensa de sí.

   A los idiotas nos gusta pensar que molaría ahora que un grupo significativo de gitanos saliera a vociferar que ese gordo gallego que va peinado como un empollón de colegio les ha dado la dignidad de ser motivo de un chiste (que te puede gustar mucho, poco o nada, pero ¿que era malo?) y que en su risa está esa civilización que no tiene miedo a mirar cara a cara al racismo y desmontarlo a golpe de carcajada. 

No de otra cosa, sino de esto es de lo que va toda esa mierda de la comedia.

10 comentarios:

  1. Soy de los que decia que el chiste era malo y me has convencido de pleno. Este texto es oro para la comedia, enhorabuena tío. Puedes ir a comer.

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  2. Me lo he leído Todo. No tengo palabras. Felicidades. Y gracias. Eres un portento

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  3. Creo que tienes razón en cosas y no tanto en otras. Para mí, lo de Bodegas fue racismo. Citas muchos referentes, pero me gustaría saber qué te parecen, por ejemplo, Arévalo y Bertín, cuando dicen aquello de "no se pueden ya hacer chistes de mariquitas". Creo que si este extracto fuese de un espectáculo suyo la unanimidad de que es algo rancio y feísimo estaría bastante más generalizada. Pero como es un cómico modernete ya tiene a parte del mundo internetil de su parte. Porque a ver, quizá Bodegas, seguramente, no tiene esos prejuicios sobre los gitanos que se reflejan en su monólogo, como dices. Pero su discurso no es ése. Su discurso es: "esta gente es así, dejémonos de ocultarlo ya". Vayámonos al drama. Si alguien es de izquierdas pero escribe una novela glorificando al régimen nazi y justificando sus acciones, seguramente le llamarían nazi. Y él diría: "no, no, yo soy de izquierdas, voto comunista". Pero resulta que si haces exactamente lo mismo que los nazis, a lo mejor estás siendo un poco nazi. Es lo que pasa aquí. Este chiste lo podría haber firmado cualquier humorista intolerante. Si él está haciendo lo mismito, ¿no lo hace un poco intolerante?
    Y no hablo de que no se puedan hacer novelas sobre nazis. O que no se puedan hacer chistes de gitanos. A lo mejor hay gente que te dice que no, pero yo creo firmemente que se puede hacer humor con todo. Es más, se puede hacer humor con todo (teóricamente, ya hemos visto que cuando se ataca el poder algunos acaban mal, y mucho peor que Bodegas, pero ése es otro tema). La cosa es que, al hacer humor (o cualquier discurso) con el tema que sea, deberías cuidar la perspectiva que estás aportando sobre el tema. Básicamente, saber el mensaje que estás dando. Y aquí el mensaje es: yo soy mejor que esta gente. Un mensaje racista a todas luces. Está asociando, siguiendo los clichés que dices, payo con honrado y civilizado y gitano con delincuente y salvaje. Y resulta, vaya por los dioses, que él es payo. Como dices en algún momento, el humor debería servir para señalarnos a nosotros mismos, apuntar a nuestra sociedad y darnos cuenta de las verdades. Pero Bodegas no se señala a sí mismo, señala a otros, y no hay ningún análisis ni revisitación a los clichés que usa. Los expone y ya. Por eso creo que, a pesar de la compleja estructuración que señalas como "obra de orfebrería" (que no te niego), en el fondo es un chiste fácil. El mensaje que transmite no es rompedor. No sale de exponer clichés manidos que, por clichés, ya conocemos de sobra, sin hacer más con ellos. Podría haber incluido los mismos chistes o parecidos y haber dejado también en mal lugar a los payos o haber señalado el propio racismo implícito en lo que estaba diciendo, sin tener por ello que ponerse serio o renunciar a la comicidad. Podría haber intentado hacer alguna de esas cosas, que verdaderamente habría hecho que el público se topase con la verdad que tú señalas: hay racismo. La gente habría entendido los clichés y a un tiempo se habría enfrentado a que son racistas. Vivimos en esta sociedad, es normal, y los prejuicios se forman solos. Pero hay que afrontarlos también.

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    1. Pero Bodegas nunca hace un esfuerzo porque eso se entienda. Es más, en su lugar habla de todo lo contrario: "no podemos hablar de esto en televisión". No podemos exponer a esta gente como nos gustaría, como son, parece ser la verdad del mensaje que queda tras ese extracto. Exponer los clichés no sirve ahí para señalar "hay racismo" porque haya chistes racistas, sirve para desempolvar el racismo porque hay una parte de verdad en él que nos estamos ocultando. Más que "hay racismo" lo que veo ahí es "seamos más racistas" porque al fin y al cabo es la realidad.
      Y, de hecho, para justificar eso veo que la estructura de la última parte oculta un mecanismo bastante perverso. Como tú ya has advertido, el cómico aquí utiliza una estructura en tres partes. Es un número mágico para el humor, porque sirve para establecer una regla y romperla con la sorpresa que producirá la mayor carcajada. En este caso, al principio establece las reglas con esa ironía que invierte a payos y gitanos y apunta en la dirección de que los gitanos son unos delincuentes. En el segundo punto repite la forma, estableciendo una repetición y por ello una tendencia: los payos son honrados guiñoguiño-codazocodazo. En la tercera, obviamente, rompe esa tendencia. Pero la forma de romperla es hablando de la prueba del pañuelo como una barbaridad. Esta tercera pata, al tiempo que sirve como sorpresa y como remate final del bloque, sirve como justificación de todo: los gitanos son unos atrasados con costumbres bárbaras y, por lo tanto, no me puedes achacar que me haya metido con ellos. Obviamente, a nadie con un mínimo respeto por la mujer le puede parecer bien la prueba del pañuelo, por lo que señalar que está mal tras otros tantos clichés sirve para justificar también los clichés.
      En definitiva, muchos chistes muy bien estructurados (creo que Bodegas es un buen cómico sobre todo por cómo se ha curtido en mil batallas y se le nota la experiencia) que arrojan un mensaje que a mí me parece abominable. Y ojo, no estoy de acuerdo con que este hombre tenga que pagar consecuencias penales ni le amenazaría de muerte. Para mí ha hecho uso de su libertad de expresión y ha creado lo que, en el fondo, es una obra de ficción. Una obra profundamente racista. Como mucha gente señalamos haciendo uso de nuestra libertad de expresión. Con lo que flipo (de verdad, estoy muy sorprendido) es con que no sea obvio y haya tanta gente que no lo vea así.

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    2. (si escribes un tocho, te expones a un tocho, ya lo siento)

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    3. Hola, Panmios.

      Antes de nada quiero agradecerte el tiempo que has dedicado en responder (con cierta pasión, añado) este texto. Te agradezco que me reconozcas algo de razón, y aplaudo tu valentía en mostrar sosegada y pormenorizadamente tus discrepancias. Me gustaría tener esta conversación en persona, porque antes de responderte te haría la siguiente pregunta: ¿estás realmente abierto a la posibilidad de que la idea que tienes sobre este asunto esté desajustada? Quiero pensar que me responderías que sí, y por eso no voy a contestarte con un chiste (lo primero que se me ha ocurrido ha sido contestarte que tienes razón, que nos has pillado, que en realidad somos nazis y queremos exterminar a los gitanos...), sino que voy a tratar de responder a todos los puntos, a sabiendas de que es posible que no lo veamos igual. Te voy a exponer, eso sí, información nueva que no viene en el artículo: espero que valores ese esfuerzo, porque son las tres y pico de la mañana, vengo de actuar y tengo mucho sueño. Va.
      1. Los chistes de Rober son racistas, PUNTO. No hay vuelta de hoja ahí. Dicho de otro modo más crudo: nadie que se reconozca en ese discurso SUEÑA con que su hijo sea gitano, y eso es racista.
      2. Insisto en la cita de Stendhal porque es REVELADORA: si "la literatura es un espejo calle-abajo", es decir, refleja la parte baja de la sociedad, la comedia es un espejo FRONTAL y PEGADO A LA CARA, que refleja EXACTAMENTE a la sociedad. Los chistes de Rober son racistas porque la sociedad es racista. Decir que Rober es racista es como si yo me miro al espejo y digo que el espejo es moreno y tiene la nariz grande. El espejo no es NADA, es MI REFLEJO el que es moreno, con la nariz grande (agitanada) y, one more time, RA-CIS-TA.
      3. El cómico no es el portavoz de la sociedad, ni el líder, ni el pedagogo. Si quieres un símil adecuado, el cómico es el CHIVATO, el que suelta lo que ve. Bodegas VE ese racismo y lo moldea para hacer comedia.
      4. En esencia, y esto es tan sutil como inapelable, todo el texto de Rober es un alegato en favor de las mujeres gitanas, sometidas a unas tradiciones incivilizadas y denigrantes, como la prueba del pañuelo (tan manipulada por medio de la moderna cirugía plástica) o los pactos familiares de boda (con preadolescentes de 13 años).
      5. La famosa regla de tres de los cómicos es basura para primerizos: el buen cómico sabe cómo saltársela cuanto quiera cuando su texto es lapidario. En este caso ha coincidido, pero no tiene mucha importancia.
      6. A Bodegas no le importa tanto la libertad de expresión, a mi parecer, como la coherencia profesional: la labor del cómico, en un espectáculo de stand-up, es complicarse la vida, ofrecer la maniobra más difícil, el chiste más arriesgado, la carambola más imposible. Cualquier bloque (o rutina) de sus espectáculos no es sino un pulso entre lo que se puede decir y lo que molaría escuchar. Y eso quizá apetezca un día, tres, siete. Pero cuando se tienen unas 150 actuaciones anuales, como es su caso, cada noche que toca defenderlo es un desafío que (por experiencia te digo) no siempre apetece.
      7. El vídeo es un fragmento de un monólogo de unos veinte minutos, de una actuación en directo de una grabación de Comedy Central, ES DECIR, está descontextualizado. Descontextualizar es la criptonita de la comedia. He visto a Rober actuar en directo varias veces: es muy difícil que, estando ahí, no te mueras de risa. Porque el cómico de stand-up actúa para el público que tiene delante, conversa con él, se comunica. Este fragmento (y no te imaginas lo grave que es eso) está fuera de su contexto, que es lo que da sentido a todo.
      Perdona que no responda a lo que me vayas a responder después, pero creo que he argumentado todo rigurosamente y, además, es posible que esté completamente equivocado.

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    4. Sí, con este texto fui bastante pasional y pormenorizado porque le había estado dando vueltas al tema bastante tiempo, pero no había opinado ni ordenado mis ideas (como ha hecho ya todo cristo), así que usé esta respuesta ante alguien que se ve que sabe bastante de lo que habla como una forma de exponer mi postura claramente. Y, por supuesto, siempre que comienzo una discusión estoy dispuesto a admitir que no llevo razón. Aunque me joda.
      Como no vas a contestarme tampoco me voy yo a complicar la vida (y por eso tampoco he contestado antes), y te voy a decir que estoy de acuerdo en casi todos los puntos. Quizá alguno con matices, pero menores. Sólo en dos discrepo frontalmente:
      -Uno es el de la regla de tres de la comedia. Me parece que decir que es para principiantes es como decir que cualquier buena historia no tiene planteamiento, nudo y desenlace. A lo mejor es para principiantes pensar en ello para construirlo, pero está presente, con más elementos, más complicado o más disimulado. Aquí Woody Allen usando el número en Annie Hall: https://www.youtube.com/watch?v=9dlypec4dP4 Y el uso de la estructura por Rober Bodegas me parece igual de casual.
      -Y tras esta gilipollez formal, lo verdaderamente importante: lo de la defensa de las mujeres gitanas. Para mí no es tan inapelable. Y ya he explicado por qué arriba, para qué creo yo que servía usar la prueba del pañuelo en ese contexto (tras otros chistes no relacionados que coincidimos en que son racistas y no tienen nada que ver con la defensa de nadie) de modo que me alegro de que este debate no continúe. Al final, daríamos vueltas en este punto sin ponernos de acuerdo, seguramente. Sólo te digo que no he visto a muchas mujeres gitanas sentirse defendidas con el monólogo. De hecho, hoy mismo leía a una prominente mujer gitana opinando: https://twitter.com/AlbaGlezVilla/status/1035615198638419968

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    5. (bueno, este soy yo desde el ordenador del trabajo. Pero soy el mismo Panmios de siempre)

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  4. Creo que no soy tan inteligente como vosotros y sé que no soy ni tan leído ni tengo tanto léxico, pero creo que ambos obviais algo muy importante : el bagaje histórico, cultural, de violencia, de marginación, de ... que lleva arrastrando el pueblo gitano desde hace muchos siglos y que hace que el resto de la sociedad los mire como los mire y no solo en España. Para mi y como no puede ser de otra manera, los gitanos son ante todo personas y luego son gitanos, he convivido con ellos desde mi infancia y puedo asegurar que hay de todo, pero por desgracia la mayoría cumple los clichés que les asignan /asignamos, llegará un día en que no haya diferencia alguna y todos seamos de la raza humana por encima de todo, pero ese día aún está por llegar.

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    1. El bagage histórico de violencia, marginación y discriminación nace de los mismos gitanos que se automarginan, son violentos hacia los "payos"... Si ea que no hay por dónde cogerlo.

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