tanto vivir y solo era una espera

t a n t o v i v i r y s o l o e r a u n a e s p e r a

22 mar. 2010

Michael in the mirror


Fue al gran Charlie Chaplin al que le ocurrió lo de presentarse a un concurso de imitadores de Charlie Chaplin y no ganar: Sucedió en un teatro de San Francisco y lo ganó un actor llamado Milton Berle. Sin embargo, resulta impensable que esto le ocurra a Michael Jackson,  sin duda uno de los artistas más imitado; y más inimitable.
Ni siquiera los admiradores más fervorosos de sus bailes logran semejarse del todo a los del rey del pop, quien no parecía bailar al ritmo de la música, sino que la música sonaba al ritmo de su danza.
Hoy he ido a ver Forever King of Pop (Madrid: teatro Lope de Vega) y lo he comprobado. El espectáculo es muy bueno, muy completo: trepidante, emocionante, sorprendente, sí; pero no. Se le imita, pero nadie lo clava.
El tiempo le hace a uno sospechar de aquellos que desacreditan a los maestros por ser viejos, por quedarse obsoletos, olvidando que gran parte de su mérito está en los caminos que nos abrieron. Con Michael Jackson esto no importa, porque vamos viendo cómo, de los millones de imitadores que hay en el mundo... nadie baila como él. Bendito youtube que, después de leer esto, nos permite comprobarlo y pensar "pues la verdad es que sí que era espectacular".
A pocos reyes, después de morir, se les concede continuar reinando.

21 mar. 2010

EL SECRETS DEL MAG LARI


Hoy he asistido a una doble función del espectáculo Secrets, del célebre ilusionista catalán Mag Lari, estimulante ejemplo, sabio consejero, querido amigo. Las segundas partes nunca fueron buenas, salvo en The godfather y en los espectáculos en directo, donde uno ha calentado, se ha puesto a tono, y lo repite con una única pretensión: bordarlo. Tan es así, que la primera vez yo he escrito El padrino, pero, en una segunda lectura de mi texto, he apostado por una versión más pedante de mí mismo y he escrito el nombre en su versión original. Erudición, por cierto, ahora en entredicho por este comentario, pero al caso es lo que importa (¿acaso importa?). Aunque no en este post, donde yo he venido a hablar de Mag Lari, el mago de los teatros.
Mag Lari es un mago porque hace magia, porque el público se va con esa sensación de haber asistido al espectáculo de lo mágico, de lo imposible (alguno diría "de lo inefable"), y eso me interesa. De manera que la teorización innecesaria sobre el arte de la magia, o el birlibirloque, la prestidigitación (etimológicamente, la "prestigiación"), el ilusionismo de tubo de ensayo, de laboratorio, la llamada "magia-para-magos" no me interesa.
O no de ese modo en que yo, como espectador, disfruto de una tarde sorprendente de magia y me voy a la cama, o a este texto, con una sonrisa en la boca y un nudo en las neuronas, cuyos axones se preguntan: ¿cómo coño lo habrá hecho?.
Como siempre, ha sido un placer.