tanto vivir y solo era una espera

t a n t o v i v i r y s o l o e r a u n a e s p e r a

5 oct. 2010

Octubre

Sin saber llegar, hemos llegado a octubre, que sólo es un mes y sólo es un otoño, una hoja que cae, un sol que titubea. "Nadie podría juntar las hojas de un otoño", dijo aquel, y yo lo que digo es ¿para qué? Pero nunca lo digo muy en serio.

Estamos y somos en octubre. Bautizados -o arañados- por las primeras lluvias de los últimos días de este año que se me antoja lejano y prescindible. Somos octubre, somos el lunes que bosteza, el martes de todavías, el miércoles de quizá. El trepidante fin de semana que aterriza en jueves, porque aterriza en jueves, y se van juntando sus horas, apelmazando, como las hojas en la calle que nadie podría juntar nunca del todo.

Octubre se deshace como el hielo que llora de frío; se hace noviembre, se anoviembra y se tuerce y se desgasta, como un plumín, como una tiza, como un viejo chiste que antes fue gracioso.

Como cualquier octubre por el que ya pasé; como tantos octubres que todavía esperan.